Por Luciana Belén Delgado*
Universidad de Belgrano
Fundación Diálogos Estratégicos
Introducción
El cambio de siglo y la era de los 2000 trajo consigo un nuevo orden económico mundial. Históricamente, un grupo reducido de países desarrollados ha mantenido y mantiene en la actualidad, un papel predominante en la toma de decisiones y participación dentro de las organizaciones internacionales. Esta agrupación limitada, rige y define la estructura global del sistema. Sin embargo, dicho monopolio se ha visto desestabilizado por el ascenso de BRICS+, el cual desafía las estructuras sistémicas y pone en juego una gobernanza mundial con el fin de distribuir el poder global.
La idea de la organización BRICS surge a partir del acrónimo BRIC (Brasil, Rusia, India y China). En el 2001, Jim O’Neill, el entonces presidente de Goldman Sachs Asset Management, publicó un paper donde definía a Brasil, Rusia, India y China como los países emergentes con mayor crecimiento económico de la última década. No obstante, la teoría se trasladó a la realidad, porque para el año 2009, en Rusia se celebraba la primera sesión de la institución con declaraciones de los líderes sobre una clara preferencia al orden multipolar y propuestas dirigidas a reformar la gobernanza global y financiera.
En este artículo, tomaré como referencia la incorporación de Sudáfrica en el año 2010 como marco inicial para determinar si su adhesión a BRICS ha tenido un impacto positivo en sus estructuras políticas internas, ha fortalecido su influencia a nivel internacional y si ha contribuido a la expansión de su economía.
La integración de Sudáfrica a BRICS y su impacto interno e internacional
Desde las elecciones democráticas de 1994, Sudáfrica inició un proceso de apertura y cooperación multilateral –especialmente con los países del “Sur”–, buscando proyectarse a sí mismo como un actor mediador entre África y el mundo. Con la asunción de Jacob Zuma, su diplomacia tomó un giro más estratégico, ya que el ex-presidente impulsó fuertemente intenciones de adhesión a BRIC en pos de que el país participe de mayores espacios multilaterales con el fin de descentralizar el poder –que poseen pocas economías– para traer a las mesas de negociación los intereses de los países en desarrollo (Raia Diplomática, 30 de abril de 2025).
En septiembre del año 2010, se anunció finalmente la aceptación de Sudáfrica como miembro del bloque en la reunión de cancilleres de BRIC, cambiándose así el nombre de la organización a BRICS. Dicho evento significó un acontecimiento importante en la historia del país. Su objetivo para dicha toma de decisión fue –y sigue siendo– para fortalecer su proyección internacional, denominándose a sí mismo como una “puerta de entrada” hacia el continente africano para convertirse en el referente principal de los intereses del bloque africano (Núñez, 2025; Department of Government Communication and Information System, 2023).
Es innegable expresar que el ingreso de Sudáfrica a BRICS le trajo un prestigio internacional al participar de un foro de cooperación que reúne a algunas de las economías más influyentes. Según Guerrero (2023), el bloque no solo se constituye como un espacio de diálogo económico lateral, sino que también como una alternativa política donde los países miembros buscan nuevas vías de progreso, comercio e inversión. Sin embargo, la proyección de Sudáfrica en este plano internacional se ve limitada por las persistentes problemáticas internas que someten al país a una constante crisis económica. Esta situación dificulta su consolidación como actor protagónico en la región. No obstante, su adhesión a BRICS, le otorgó visibilidad y peso internacional al ocupar un rol como vocero del continente africano.
Es así que en la decimoquinta cumbre del grupo BRICS, realizada en agosto de 2023 bajo el liderazgo de Sudáfrica, se anunció públicamente la determinación expansionista de la institución. Para octubre de 2024, la República Árabe de Egipto, la República Democrática Federal de Etiopía, la República Islámica de Irán y Emiratos Árabes Unidos, fueron admitidos oficialmente como miembros de BRICS+. La expansión de la influencia global y la reestructuración de la cooperación internacional desestabilizan el funcionamiento tradicional del sistema (Naidu y De Carvalho, 2025), lo que trae un nuevo panorama internacional con el punto en la mira hacia la organización. Esto la convierte en una de las plataformas de diálogo y cooperación entre mercados más importantes globalmente por su visión característica hacia los países en desarrollo o hacia el Sur Global.
Otro punto a tomar en cuenta, es el impacto de la incorporación de Sudáfrica a BRICS en su política interna. Su sistema político democrático y parlamentario se mantuvieron estables desde su adhesión hasta la actualidad, por lo que no supuso transformaciones estructurales que debilitaran la estabilidad del régimen. Cabe destacar que una de las principales características de la organización BRICS es su multiculturalidad y capacidad de converger a pesar de las similitudes y diferencias entre naciones (Lucky, 2018), por lo que los miembros de la institución logran articular una determinada posición respecto a las problemáticas globales.
No obstante, la participación del país en el foro no modificó la dinámica interna del país. Si bien el discurso de BRICS reforzó la imagen de Sudáfrica como potencia democrática y defensora de la cooperación Sur-Sur, no se produjo una reforma tangible de las capacidades estatales ni reducción de los niveles de corrupción o desigualdad política (Zwane, 2010).
Por otro lado, luego de que la pandemia de COVID-19 resaltara la necesidad de un sistema de salubridad eficiente, los miembros de BRICS han brindado herramientas para abrir paso a reformas sanitarias. Un ejemplo de esto es el liderazgo de Sudáfrica en incitar a la mejora de infraestructura sanitaria y el acceso a medicamentos esenciales, reproducido en un diálogo con varios miembros durante la cumbre BRICS (BRICS Lat, octubre de 2024). Como resultado, el ingreso al bloque le funcionó –y funciona– como un mecanismo de legitimación internacional de su estructura política existente, proporcionándole al país sudafricano una proyección internacional abarcativa.
La economía sudafricana
En materia económica, los resultados de su membresía a BRICS son mixtos. Por un lado, su inclusión favoreció a corto plazo la llegada de inversiones extranjeras y fortaleció sus lazos con China e India. Por el otro, el impacto social y distributivo que trajo en la sociedad sudafricana fue mínimo, y la llegada de BRICS al continente africano ocasionó su desplazamiento como principal inversor en materia económica (Núñez, 2025).
Gracias a la adhesión a BRICS, África empezó a tomar una posición relevante por su potencial desarrollo económico y sus recursos naturales lo que impulsó una serie de financiamientos –los cuales perduran y acrecientan con el paso del tiempo– que incrementan el capital. Tal es así, que Sudáfrica pudo superar la crisis económica del 2008 de manera eficaz gracias a una predominante inversión china. Este reforzamiento en relaciones bilaterales, llevó a que las exportaciones sudafricanas a China aumentasen un 25% del total (2014), manteniéndose estables hasta la actualidad. La composición de las mismas consta de un 90% de materias primas, lo que genera un déficit comercial a favor de China, ya que el país asiático le exporta a Sudáfrica productos elaborados con un mayor valor añadido. Esta dinámica le permitió al país africano crecer rápidamente como un competidor estratégico a costa de perjudicar su posición en la cadena de valor global (Núñez, 2025; Zwane, 2020).
Conforme al pasar de los años, según los datos del Banco Mundial, el índice de GINI –indicador que mide la desigualdad de ingreso– pasó de 63,4% en 2010 a 63% en 2014, una variación mínima que expone la persistencia de una estructura de desigualdad que azota al país. Estos datos demuestran que el crecimiento económico de Sudáfrica ha sido –y es– lento, ya que en el 2017 se expandió un 1,3% y un 0,8% en el 2018, que unido al aumento de la pobreza, opaca la posibilidad de aumento del Producto Bruto Interno (PBI) y debilita la llegada de inversiones extranjeras (Núñez, 2025). Por otro lado, Baran (2024) menciona que la integración de Sudáfrica a los BRICS ha intensificado un modelo de desarrollo desigual, en el cual los sectores más integrados en el mercado –como la minería y energía– se benefician del comercio con los socios del bloque. Dichas declaraciones se encuentran relacionadas con la posición predominante que ocupa China en el sector comercial, ya que el gigante asiático en el 2020 representó un 74% de las exportaciones dentro del foro.
No obstante, Sudáfrica obtiene distintos beneficios de BRICS, ya que su adhesión facilitó –y facilita– el establecimiento de negociaciones con otros miembros para fijar un área de libre comercio (Lucky, 2018). Cabe aclarar que no existe dicho acuerdo actualmente, sin embargo, una medida de cooperación que atrae inversiones extranjeras y proporciona –en base a préstamos y bonos– estabilidad financiera, es el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD).
En el año 2015 se estableció el NBD con el objetivo de fortalecer la institución BRICS a través de una infraestructura financiera que pueda sostener el desarrollo de proyectos, funcionando así como una herramienta paralela a las organizaciones financieras convencionales. El NBD redefine el rol de los países miembros y busca brindar financiamiento a aquellos países que tienen aspiraciones progresistas a través de una colaboración multilateral (New Development Bank, 2022). Un ejemplo es Sudáfrica, ya que el NBD ha sido fundamental para el financiamiento de proyectos de infraestructura sostenible y desarrollo (BRICS Lat, Octubre 2024).
Similitudes y diferencias entre Egipto y Sudáfrica
Un caso novedoso a tomar en cuenta es el ingreso de Egipto a BRICS+. En el año 2024, cuando oficialmente participó de la decimosexta cumbre, al poco tiempo informes oficiales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial proyectaron –y proyectan– un crecimiento económico del país. Según el FMI, se estima que durante el periodo 2024-2025 la economía egipcia crecerá un 3,6%, mientras que en el periodo 2025-2026 alcanzará el 4,1%. Por otro lado, el Banco Mundial proyecta que el PBI egipcio aumentará un 3,5% y alcanzará un 4,2% en el segundo período (TV BRICS, 20 de enero de 2025).
Si bien se pueden entramar una serie de conjeturas respecto al incremento económico de Egipto –como la política arancelaria de Trump, el conflicto iraní-israelí y la guerra ruso-ucraniana–, sería erróneo no asociar dicho desarrollo con su ingreso a BRICS+. En sus inicios dentro de la organización, el desarrollo económico de Sudáfrica se vió diferenciado al de Egipto. En ese entonces BRICS se encontraba en proceso de consolidación, por lo que carecía de una articulación compleja con programas integrales. A su vez, años anteriores ocurrió la crisis del 2008 que trajo a la economía sudafricana una serie de controversias como: el aumento del desempleo, la pobreza y la pérdida de inversores extranjeros por la inestabilidad social y económica (Lucky, 2018). No obstante, a pesar de las diferencias internas y externas entre ambos países, las consecuencias de su integración a nivel económico en principio presentan similitudes.
En los años ingresantes a BRICS, se generó una proyección y expectativa a largo plazo para la economía sudafricana, donde se esperaba un auge exponencial de su PBI con una alta proyección a mercados extranjeros. No obstante, su desarrollo se vió estancado por las problemáticas mencionadas anteriormente y sucumbió ante un estancamiento que no parece tener buen futuro. Según United Nations Statistics Division (26 de marzo de 2025), el PBI per cápita a precios actuales de Sudáfrica en el año 2010 era de 7,973 USD, mientras que para el 2011 presentó un crecimiento de 8.646 USD. Sin embargo, en el año 2012 pasó a ser de 8.077 USD, lo que dió inicio a un largo y lento proceso de depreciación de la moneda –para dimensionar dicha inmovilidad, en el año 2023 su PBI per cápita fue de 5.976 USD, alrededor de dos mil dólares menos que en el 2010– que persiste en la actualidad.
En la misma línea, Egipto, según el Banco Mundial, en el año 2022 su PBI per cápita era de 4.233 USD, mientras que para el año 2023 decreció a 3.457 USD y en el 2024 resultó en 3.339 USD. Todavía es muy pronto como para determinar si la economía egipcia prosperará a diferencia de la sudafricana. Como mencioné anteriormente, el FMI y el Banco Mundial tienen una mirada positiva hacia su futuro económico, por lo que podríamos encontrarnos ante una predicción errada –tomando como referencia a Sudáfrica– o una proyección acertada del futuro egipcio.
Conclusión
La incorporación de Sudáfrica a BRICS representó un antes y un después en su política exterior y posicionamiento a nivel internacional. Su adhesión le permitió acceder a un foro influyente en materia económica y gobernabilidad global, con una agenda dirigida hacia los países del Sur Global. Sin embargo, en materia económica, debido a la crisis interna el país no logra consolidar un crecimiento sostenido. A pesar del fortalecimiento de vínculos socio-estratégicos como China, las asimetrías comerciales, la dependencia de exportaciones de materia prima y el estancamiento del PBI per cápita evidencian una integración desigual que será o no complementaria con la de Egipto.
Es entonces que Sudáfrica si bien ha obtenido prestigio internacional y BRICS le ha abierto puertas de diálogo con otros países, el simple hecho de pertenecer a la organización no equivale a un desarrollo interno sostenible. Si en el plano político interno no se toman medidas acordes que acompañen la visión del país en el exterior, no abre la posibilidad de disminuir la inestabilidad económica.
Bibliografía
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“Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial prevén crecimiento económico para Egipto”. En: TV BRICS, 20 de enero de 2025. https://tvbrics.com/es/news/fondo-monetario-internacional-y-banco-mundial-prev-n-crecimiento-econ-mico-para-egipto/
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Guerrero, Mario G. (2023). Historias y lecciones de BRICS: países emergentes e instituciones internacionales. Mendoza, Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo.
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